miércoles, 9 de febrero de 2011

Enredos.


El lenguaje, provisto de enredos y recovecos permite a los corsarios encontrar un refugio y a los liberados desbordarse en un abismo en el que no existen más murallas que las propias.
Los etéreos mundos interiores, más extensos que el universo sideral, se abren caminos sin preámbulos, arrasando con la realidad, sin piedad, sin lógica, sin dirección ni sentido; pero todos y cada uno de ellos desembocan, tarde o temprano, en el vacío absoluto y completo del que venimos y al que estamos destinados.
Un grito apocopado en el silencio de una habitación puede ser un suspiro delimitado el cual, si no hubiera sido atajado a tiempo, podría haber sido el comienzo de un alarido que trata de luchar contra el tic-tac de un reloj que no perdona, ni tiene intención de hacerlo.
La desesperación se funde en otros cuerpos, en un intento frustrado de aferrarnos, por unos minutos, a la gloria de la inmortalidad. Nos hacemos más humanos y a la vez un poco más divinos. Cerramos los ojos y los volvemos a abrir,anhelando que la segunda vez supere a la primera y así pasamos nuestra estúpida existencia, parpadeando una vez tras otra en busca de la realidad inexistente creada por nuestra maquiavélica imaginación.

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