miércoles, 6 de abril de 2011

Coppola




Acábalo, termínalo.
De verdad quiero leerlo. Puede ser bueno, malo, mediocre… pero quiero hacerlo. De todos modos entenderás que no soy nadie para valorarlo. Mi opinión te importa y he de reconocer que eso me llena de orgullo pero no deja de ser una valoración personal de alguien que escribe exactamente por el mismo motivo que tu; no olvides jamás que nos mueven las mismas cosas.
Compartir con alguien estos momentos de intimidad y reflexión hasta hace poco era casi imposible.
Supongo que sabrás que poder hablar de literatura con alguien sabiendo que va a escucharte o leerte prestándote atención es un privilegio .
Te agradezco sinceramente que me hayas dejado ver tus ideas en bruto, recién plasmadas,es cuando más valor tienen.
Acábalo, termínalo




El polvo denso y desagradable se mete en sus pulmones. Lo saborea en la garganta, le escuecen los ojos y le duele el pecho. Lleva más de dos horas caminando en círculos. Está perdido como nunca antes lo había estado. Está sediento y cansando pero no tiene tiempo suficiente para pararse y recobrar fuerzas.
Se seca la frente con la manga de la camisa y comienza a ver borroso. Está mareado a causa de la deshidratación.Hace cuarenta grados.
Siente el aire abrasándole en cada bocanada que toma…
Abre los ojos y lo primero que divisa es el techo de un Ehe. Siempre pensó que su licenciatura en Geografía le sería totalmente inútil pero gracias a ella acaba de ser consciente que está en un asentamiento de Tuaregs. Escucha unas voces lejanas de las que reconoce algunas palabras que probablemente pertenezcan al ‘tamajeq’.
Intenta retreparse pero hay algo que se lo impide… unos estribos de camello le sujetan las extremidades, recuerda entonces la frase que había oído decir tantas veces a su abuelo ‘Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde.’

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