viernes, 4 de noviembre de 2011

Homo intellectus




Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.



Estaba leyendo a Miguel Hernández y he sentido el cantar del pueblo oprimido, el golpe de la culata, los gritos, los jadeos, el miedo de la masa en marcha, el hedor a podredumbre, las gentes aglutinadas. El hambre del país de mis abuelos, de mi país. La guerra del país de mis abuelos, la guerra de mi país.
Los que nacimos después del Después ni siquiera lo conocimos, pero convivimos con sus lastres.
Hoy día todo el mundo habla de libertad, de derechos, de democracia y de paz pero cuando los gobiernos del primer mundo,tan cívicos,tan desarrollados, invierten en armamento o subvencionan guerras nadie se levanta y grita; nadie recuerda el hambre de nuestra guerra, las viudas, ni los huérfanos. Solo se rinde tributo a los caídos en campaña electoral.Se remueven las fosas comunes cuando lo impulsa un fin político y seguimos sin levantarnos, sin decir nada.

No hace mucho, en un artículo de la prensa, decía que España ha vendido armas a los milicianos de Gadafi, mientras tanto nuestro ejército desplegaba cuatro aviones con unos costes apabullantes para combatirlos, defendiendo algo que la ONU denominaba 'derechos humanos'. ¿En qué mundo vivimos? ¿Les damos las herramientas para que se maten unos a otros, interviniendo de forma directa en una masacre con el único fin de lucrarnos?

El día que nos demos cuenta que imponiendo la fuerza solo se genera más odio, el día que seamos conscientes que debemos reivindicar los verdaderos derechos humanos, el día que descubramos que con lo invertido en armas podríamos construir un mundo más solidario, más justo…ese día será la segunda vez que el hombre se baje del árbol, pero esta vez su único arma será la palabra y el diálogo nos encaminará hacia la evolución.

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